5 Francisco de Quevedo: Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos

El volumen 5 de la colección Clásicos Castellanos se dedicó a la obra de Francisco de QuevedoHistoria de la vida del Buscón llamado Don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, edición y notas de Américo Castro.

Su lectura online puede hacerse en este enlace a la primera edición publicada en 1911:

 La vida del Buscón

Dice don Américo: «Esta edición va hecha conforme a la de Zaragoza, 1626; en caso de error o de dificultad en el texto me he servido para corregir o comparar el texto de los de Zaragoza, 1628; Lisboa, 1630, y Barcelona, 1626. La ortografía es la del texto original en todos los casos en que parece relacionarse con la pronunciación; no se me oculta lo arriesgado de este procedimiento, tanto más cuanto que ciertas formas merecerían un estudio especial; pero el vulgarizar, por razones diversas, no tolera la precisión científica.

Las abreviaturas Covarrubias y Dicc. Aut. en las notas, significan, respectivamente, el Tesoro de la Lengua Castellana, 1611, y el Primer Diccionario de la Academia de la Lengua, 1637.

En varias dudas sobre interpretación del texto recurrí al mucho saber del Sr. D. Francisco Rodríguez Marín, y públicamente le muestro mi reconocimiento.»

Dado el interés que tiene la consulta de los diccionarios para la lectura de los Clásicos Castellanos, conviene hacer un comentario sobre las dos últimas referencias del párrafo anterior:

El diccionario de Covarrubias o Tesoro de la Lengua Castellana, 1611, puede consultarse en este enlace:

Tesoro Covarrubias

La referencia al Primer Diccionario de la Academia de la Lengua, 1637, todavía no he podido saber a qué se refiere. Puesto que se trata de la abreviatura Dicc. Aut., es decir, Diccionario de Autoridades, debe tratarse de una errata en la fecha, puesto que su publicación data de 1726. En efecto, el primer diccionario de la Real Academia Española, el llamado Diccionario de autoridades se publicó entre 1726 y 1739. El diccionario de la lengua española o Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), comienza su repertorio en 1780, con la aparición —en un solo tomo para facilitar su consulta— de una nueva versión, sin citas de autores, de aquél primer diccionario de la institución. El de 1780 fue, por tanto, el precedente de la serie de diccionarios usuales que llega hasta hoy.

Actualmente, contamos además con otras herramientas online, publicadas por la Real Academia Española, que nos pueden servir de gran ayuda:

Mapa de diccionarios: esta herramienta permite, por el momento, consultar simultáneamente seis ediciones representativas del diccionario académico: 1780, 1817, 1884, 1925, 1992 y 2001. Su finalidad radica en ofrecer una visión evolutiva del léxico moderno, matizada por la idea que se hacían de él los académicos a lo largo de los casi trescientos años en que se suceden las ediciones de estos diccionarios. Se aspira a introducir, en el futuro, las demás ediciones del diccionario académico, incorporando además un enlace con los materiales del Fichero de enmiendas y adiciones de la Real Academia Española y con otros externos surgidos como comentarios, críticas o reseñas al DRAE.

Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española (NTLLE): es un diccionario de diccionarios, un diccionario que contiene todo el léxico de la lengua española desde el siglo xv hasta el xx, tal y como es recogido, sistematizado, definido e inventariado por los más importantes repertorios lexicográficos, sean monolingües o bilingües, dedicados a la lengua española. De este modo, el NTLLE ofrece al interesado la posibilidad de tener juntos y reunidos cerca de 70 diccionarios que ninguna biblioteca en el mundo está en condiciones de custodiar de forma conjunta, al tiempo que permite buscar de una sola vez, a través de una única operación de consulta, una o varias palabras de forma simultánea en la totalidad de los diccionarios que lo integran. El NTLLE reúne una amplia selección de las obras que durante los últimos quinientos años han recogido, definido y consolidado el patrimonio léxico de nuestro idioma. Contiene, dentro de un entorno informático de consulta, los facsímiles digitales de las obras lexicográficas de Antonio de Nebrija, fray Pedro de Alcalá, Sebastián de Covarrubias, Francisco del Rosal, César Oudin, Esteban Terreros, Ramón Joaquín Domínguez, Vicente Salvá, Elías Zerolo, Aniceto de Pagés, etc., además de toda la lexicografía académica, desde el Diccionario de autoridades hasta la 21.ª edición del Diccionario de la Real Academia Española, pasando por las diversas ediciones del Diccionario manual e ilustrado y lo publicado del Diccionario histórico de 1933-1936.

Nuevo diccionario histórico del español (NDHE): proyecto vinculado al Instituto de Investigación Rafael Lapesa, pretende presentar de modo organizado la evolución del léxico español a lo largo del tiempo. Su director es el académico José Antonio Pascual. El objetivo fundamental del NDHE consiste en ofrecer a los filólogos, y al público en general, aquella información relevante sobre la historia de las palabras que les permita interpretar los textos del pasado. Para ello se dará cuenta de la evolución de los significados de las palabras e incluso de los usos lingüísticos accidentales de una época determinada. Para cumplir este fin básico, el NDHE se basará en los métodos de la lingüística, la filología y la informática. El hecho de que esta obra se conciba como un diccionario electrónico permite presentar la evolución de las unidades léxicas teniendo en cuenta las relaciones (genéticas, morfológicas, semánticas, etc.) que estas mantienen entre sí, de forma que se sitúe la evolución de las palabras dentro de la red de conexiones establecidas entre ellas.

En relación con la obra de Quevedo aquí presentada, recomiendo la Introducción a ‘El Buscón’ de Ignacio Arellano.

2 Tirso de Molina: El vergonzoso en palacio y El burlador de Sevilla

El segundo título de la colección Clásicos Castellanos se dedicó a dos piezas de teatro de Tirso de Molina, con prólogo, introducción y notas de Américo Castro:
  • El vergonzoso en palacio
  • El burlador de Sevilla

Su lectura online puede hacerse en este enlace a la segunda edición publicada en 1922:

 Teatro Tirso de Molina

La introducción de la obra, dedicada a Ortega y Gasset por Américo Castro, contiene un brillante análisis de la comedia clásica, incluyendo una escueta pero incisiva comparación entre las comedias inglesa, francesa y española del siglo XVII.

Para completar el estudio de Américo Castro, él mismo recomienda el prólogo al volumen 39 de la colección Clásicos Castellanos, escrito por Gómez Ocerín y Tenreiro.

Sobre Tirso, recomiendo la lectura de El ingenio cómico de Tirso de Molina: actas del II Congreso Internacional sobre Tirso de Molina (Pamplona, 27-29 de Abril de 1998), edición de I. Arellano, B. Oteiza y M. Zugasti.

Colección Clásicos Castellanos

Desde finales del siglo XIX hasta los años treinta del siglo XX, el panorama editorial que presentaba Madrid experimentaba un importante y considerable auge. Ello fue debido, en parte, a la acción modernizadora de la Institución Libre de Enseñanza y la Junta para Ampliación de Estudios, y de ésta el Centro de Estudios Históricos que, presidido por Ramón Menéndez Pidal, emprendía aventuras editoriales basada en el rigor científico.

De entre los muchos proyectos editoriales emanados del Centro de Estudios Históricos, hoy vamos a tratar de la colección Clásicos Castellanos. Se trata de ediciones de obras de la Literatura española, publicadas entre 1910 y 1935, realizadas con la metodología y el rigor filológico del Centro de Estudios Históricos, puesto que los responsables de estas ediciones son eminentes filólogos formados en este organismo institucionista y colaboradores asiduos de éste. No en vano, la escuela pidalina forma filólogos que son al mismo tiempo historiadores y críticos literarios.

El proyecto fue comenzado por dos discípulos de Menéndez Pidal, considerados como la mano izquierda y derecha del maestro: Américo Castro y Tomás Navarro Tomás. Ambos tuvieron como propósito iniciar una importante empresa editorial: la creación de una «biblioteca» de textos clásicos españoles, publicándolos según el criterio y rigor filológico aprendido directamente del magisterio de Menéndez Pidal.

La editorial desde la cual se iba a publicar esta colección estaría respaldada por una empresa ya consolidada, la publicación hemerográfica La Lectura (Revista de Ciencias y de Artes) (1901-1920), tribuna de opinión de un determinado sector de jóvenes liberales y para-institucionalistas desde cuyas páginas expresaban sus ideas sobre cuestiones de reciente actualidad. Fue su director el gijonés Francisco Acebal (1866-1933), hombre formado en la Institución Libre de Enseñanza en la que se distinguió como uno de los más talentosos y entusiastas continuadores; por su constante relación con Giner de los Ríos, y particularmente con José Castillejo, colaboró con asiduidad en la Junta para Ampliación de Estudios, en la que desempeñó el cargo de vicesecretario. Los jefes de redacción de La Lectura fueron el diplomático Julián Juderías, de 1913 a 1917, y el pedagogo Domingo Barnés, de 1918 a 1920, miembro de la denominada «segunda promoción» de institucionistas o también «hijos de Giner». El proyecto de La Lectura quedaba enmarcada por dos ambiciosas empresas culturales, la predecesora La España Moderna (1889-1914) y por la Revista de Occidente (1923); las tres tras crear, primera- mente, una revista, generaron de forma dependiente de ésta una editorial.

En palabras del propio Tomás Navarro Tomás: ‘El plan era que Castro y yo, que aún no habíamos hecho oposiciones ni ganado plaza, nos dedicáramos plenamente a ir dando cada uno dos o tres volúmenes anuales para la colección. La idea respecto a la selección de obras y autores, tipo de comentario en notas y prólogos y hasta tamaño de libro y clase de papel se fue madurando en las reuniones nocturnas que celebrábamos con Acebal, en su casa de la calle de Lista cerca del paseo de la Castellana, Felipe Clemente de Velasco que era el propietario de La Lectura, Américo Castro y yo’.

Impresos en papel pluma, los libros ofrecían una estimable combinación de erudición filológica y divulgación textual. Este empeño editorial se anunciaba en una hoja suelta, un boletín informativo, en el que se detallaban los propósitos de esta «biblioteca» de obras clásicas de la Literatura española: ‘mediante ediciones de moderna traza que sumen estos tres esenciales elementos: perfección técnica, esmero material y extraordinaria baratura’.

Al emprender esta publicación se proponían no sólo difundir nuestra riqueza literaria en volúmenes de formato moderno, como ya era usual y corriente en países como Francia, Inglaterra, Alemania o Italia; sino que estos textos se convirtieran en ediciones claras, correctas, con una precisión y conciencia filológicas. Era la explicación y «praxis» de los objetivos aprendidos por una generación en el Centro de Estudios Históricos alrededor de don Ramón Menéndez Pidal. La novedad que presentaba esta colección de Clásicos Castellanos consistía más en la forma de realizar el trabajo (fijación del texto, anotaciones e introducciones) que en el hecho de publicar determinadas obras. En el citado boletín de información se expresa la declaración de principios editoriales y de propósitos filológicos:

LOS TEXTOS de nuestra Biblioteca será reproducción de ediciones princeps y, siempre que sea posible, de los manuscritos originales, inspirándose, en lo que concierne a la ortografía de los autores más antiguos, en un escrupuloso criterio que armonice el respeto debido a las últimas investigaciones críticas y filológicas con la facilidad y aún la conformidad de la lectura para todos.

LAS NOTAS puestas al pie de cada página tienden a aclarar, con la parquedad y sencillez posible, las dificultades de mayor bulto que ofrezca el texto. Se servirán estas Notas de ejemplos sacados del vocabulario del mismo autor, o de un autor del mismo tiempo, para comentar filológica o literalmente el pasaje difícil o la frase obscura. En otro caso se recurrirá a la explicación meramente histórica.

LAS INTRODUCCIONES que acompañarán a cada obra han de estar asimismo encaminadas a la difusión de nuestras joyas literarias y comprenderán, por consiguiente, con mucha sobriedad, las más esenciales noticias sobre la vida y las obras de cada autor. En los casos en que el interés de los problemas suscitados lo aconsejara o lo impusiera, la Introducción será, no sólo el esbozo bibliográfico, sino, además, estudio de la significación del autor, o de la obra, considerados en relación con su tiempo.

La sucesiva publicación de obras clásicas, iniciada por Tomás Navarro Tomás y Américo Castro, comportó por cuestiones profesionales y personales de éstos la colaboración de otros filólogos formados directamente por Menendez Pidal o dependientes de otras secciones del Centro: el propio don Ramón, Federico de Onís, el escritor director teatral Cipriano de Rivas Cherif, Vicente García de Diego, el dialectólogo Matías Martínez de Burgos, Gómez Ocerín, Samuel Gilí Gaya, valioso colaborador de Navarro Tomás, el tempranamente malogrado por la muerte Antonio García Solalinde, José Moreno Villa poeta y creador y colaborador en la sección de Arqueología, Pedro Salinas poeta-profe- sor, el investigador literario José Fernández Montesinos, Manuel Azaña futuro presidente de la Segunda República Española.

A esta nómina se fueron añadiendo, por la necesidad imperativa que tenía la editorial de seguir con la publicación de los anunciados títulos «en preparación», una serie de figuras del mundo literario español e hispanoamericano, eruditos de diversa formación investigadora, críticos, historiadores y profesores extranjeros que continuaron sui generis la colección de Clásicos Castellanos: Víctor Said Armesto, Narciso Alonso Cortés, Federico Ruíz Morcuende, Ramón M. Tenreiro, José R. Lomba y Pedraja, J. Domínguez Bordona, José M. Salaverría, Francisco Rodríguez Marín, que aportaba la apostilla prestigiosa «de la Real Academia Española», el jesuíta secularizado Julio Cejador y Frauca, Agustín Millares Cario, paleógrafo, el erudito Pedro Sáinz Rodríguez, el historiador Ángel Valbuena Prat, Agustín Cortina, profesor argentino, el escritor mejicano Alfonso Reyes, el presbítero José M. Aguado y el agustino P. Félix García. Ello comportó, además, una nueva idea de «obra clásica», ya que por tal no solamente eran considerados los textos de la época medieval, los de los Siglos de Oro y los del período ilustrado de nuestra literatura, sino que a lo largo de los ciento cinco volúmenes publicados, progresivamente y sin muestra de ruptura, bajo esta concepción nueva fueron apareciendo obras del período final del Romanticismo y de la época última del siglo xx, de autores contemporáneos ya consagrados, ya «clásicos».

El texto anterior está extractado de ‘PROPÓSITOS FILOLÓGICOS DE LA COLECCIÓN CLÁSICOS CASTELLANOS DE LA EDITORIAL LA LECTURA (1910-1935)‘, Antonio Marco García, Universidad de Barcelona, ponencia en el X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (Barcelona, agosto de 1989).

Puede verse una ‘Biografía de La Lectura (1901-1920)‘ de Luis S. Granjel, en el número 272, páginas 306-314, de Febrero de 1973 de la revista Cuadernos Hispanoamericanos.

Enlace a la Colección Clásicos Castellanos 50.

Bibliofilia digital: La Dorotea, Lope de vega

Bibliofilia digital: La Dorotea, Lope de vega
Creo no equivocarme al decir que la mayor compilación de textos clásicos españoles se encuentra en www.archive.org. Este maravilloso corpus, procedente mayoritariamente de universidades de Estados Unidos y Canadá, nos permite, por fin, acceder desde cualquier ordenador a los textos que, hasta hace muy poco, solamente se podían consultar en bibliotecas y tiendas de bibliófilos.
Así como en Internet existen múltiples estudios y artículos de distinguidos eruditos que analizan los textos de nuestros clásicos, sigue siendo asignatura pendiente poder acceder a las ediciones de los textos en sí.
Para aportar un granito de arena a la labor de facilitar el acceso a los textos, comenzaré una serie de artículos con enlaces a los textos de las obras. Este primer artículo presenta una obra de Lope de Vega: La Dorotea (1620), para algunos la principal producción literaria del Fénix.
La edición disponible para su lectura en archive.org es de 1913. Está realizada por Américo Castro (1885-1972) para la Biblioteca Renacimiento, colección Obras Maestras de la Literatura Universal y reproduce exactamente la edición príncipe de 1632.
Esta edición de Américo Castro apenas incluye un breve estudio de cinco páginas de la obra, si bien es fácil encontrar en Internet amplios trabajos y referencias a La Dorotea, a los cuales me remito.
Leer online en archive.org
Una de las ediciones críticas más importantes de La Dorotea, se debe al hispanista estadounidense Edwin S. Morby (1909-1985) publicada por Editorial Castalia en 1958, 1968, 1980, 2001, lo cual da muestra de su interés tanto para estudiosos como aficionados en general. Fruto de ocho años de trabajo, Morby recrea la vida y la época que crearon La Dorotea ayudándonos, de manera excepcional, a superar las dificultades y oscuridades de esta obra maestra.
Aunque no la he podido encontrar todavía en versión online en Internet, está disponible en librerías y tiendas en la red. Del mismo autor puede verse también su edición crítica de La Arcadia, de Lope de Vega.
Hasta aquí lo más importante, la obra de Lope. Añadiremos que, como muchos lectores interesados conocerán bien, las alusiones biográficas son continuas a lo largo de toda la obra, especialmente a dos de sus grandes amores, sus amantes Elena Osorio, en su juventud, y Marta de Nevares, su último gran amor.
Los amores con Elena Osorio acaban con el destierro de Lope y, sobretodo, con su desprestigio social ante la hipócrita sociedad española del siglo XVI. 
La historia de los amores entre Marta de Nevares, casada cuando apenas tenía 13 años de edad, y Lope, ordenado sacerdote en 1614, es trágica: en 1617 habían tenido una hija, Marta quedó viuda en 1620, quedó ciega hacia 1622, padeció ataques de locura desde entonces y en 1632, el mismo año que se publicó La Dorotea, falleció en el domicilio que compartían en Madrid. Lope vivió hasta 1635 y su etapa más productiva coincidió precisamente con el periodo de tiempo que vivió con Marta.
Sin embargo, por muy novelesca que sea la propia vida de Lope, y por muy autobiográfica que pueda ser La Dorotea, no debemos perder de vista que estamos ante una obra maestra que transciende todos estos pormenores y que, si bien son esenciales para comprender la construcción de la obra, también es esencial entender que sólo los grandes genios hacen que el arte transcienda la realidad, como es el caso.
La Dorotea tiene algunas de las poesías más populares de Lope. Baste con un par de ejemplos. En el acto I, escena tercera, canta Fernando:
Fernando. A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo,
me bastan mis pensamientos.
El acto III incluye los cuatro romances de las barquillas, que fueron muy populares durante siglos y, aún en los años 20 del siglo pasado, solían ser aprendidos de memoria. El más conocido era el tercer romance que canta Fernando en la escena séptima de dicho acto III y que empieza así:
Fernando. Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvelada,
y entre las olas sola.
Uno de los detalles que más llaman la atención sobre los romances de las barquillas es el siguiente: Marta de Nevares muere en abril de 1632 y en mayo de ese mismo año La Dorotea ya ha sido aprobada por el censor. Es decir, el acto III incluye cuatro romances, supuestamente referidos a Marta/Amarilis, que, por lo tanto, fueron escritos e incorporados al libro en apenas un mes desde su fallecimiento. Todo un prodigio que, modestamente, no alcanzo a explicar.
Si algún improbable lector de este blog quiere continuar estas pistas y seguir rastreando información de la vida y obra de Lope de Vega, le auguro muchos y muy entretenidos momentos de disfrute.